Algunas reflexiones sobre Jurisdicción Internacional

Profesor Dr. Didier Opertti Badán

Palabras preliminares

Mi participación en este merecido homenaje al Profesor Dr. Gualberto Lucas Sosa, ciertamente modesta, guarda estrecha relación con la memoria del Profesor y su obra, puesto que él supo combinar su especialidad, la de un procesalista, con una mirada atenta a las cuestiones del Derecho Internacional Privado (en adelante D.I.P.) que le preocupaban y que de un modo u otro estaba relacionada con su disciplina principal.

Lo anterior, sin silenciar que el homenaje cien por ciento justificado, debe reconocer en el destinatario, por sobre todo, su condición humana, que pude actualizar en el último trato directo en ocasión de las últimas Jornadas de Córdoba.

En cuanto al grado de ambición  de esta comunicación sólo intenta volver sobre un tema al que el D.I.P. regional, y en especial el interamericano, incluida la propia ley interna (fuente autónoma) han destinado análisis y fórmulas sin haber alcanzado todavía una solución de general aceptación.

De ningún modo, pues, se trata de descubrir lo que ya ha sido creado o aún, de ser especialmente novedosos, sino apenas  revisar ciertas soluciones, ya para reforzar su fundamento ya para abrir el análisis a nuevas consideraciones con la mirada puesta en un proceso de codificación en curso.

En cuanto al ámbito al que dirigiré esta contribución será el de la CIDIP, zona con la que  transitó con frecuencia y rigor al muy apreciado  colega y amigo que supo ser el Prof. Lucas Sosa. Ello no excluye por cierto, ciertas referencias internacionales, aunque sin pretensiones de agotamiento.

Respecto del formato mismo del trabajo, si bien no podríamos calificarlo de introductorio dado que mucho y bueno ha sido lo escrito y publicado sobre el tema, lo sería sí en cuanto al propósito de reabrirlo, en tanto las convenciones de CIDIP ni tampoco La Haya lo ha resuelto, a mi juicio, satisfactoriamente. Naturalmente, esto conlleva el compromiso de formular algunas proposiciones con la que cerraremos este artículo.

Se impone una precisión adicional: tras pensar durante bastante tiempo qué tipo de artículo escribiría, me incliné por darle la forma de un verdadero cuestionario sin que esto implique, de suyo, desconocer el destino de la publicación, menos por cierto la especialización de sus lectores y sus respuestas. Apenas, en la mejor de las hipótesis, se trata de una manera de presentar el tema en sus límites más nítidos. Veámoslo.

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Derecho de los contratos internacionales en Latinoamérica, Portugal y España

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Pocos temas resultan tan relevantes en la práctica y, a la vez, tan desconocidos para el operador jurídico, como el régimen jurídico de los contratos internacionales. Las aparentes similitudes existentes a primera vista entre los distintos ordenamientos jurídicos nacionales en la materia esconden, además, notables diferencias entre unas y otras soluciones legislativas. Conscientes de este hecho, diversos autores latinoamericanos de primer orden, dirigidos por los Profs. Esplugues Mota, Hargain y Palao Moreno, Catedráticos de las Universidades de Valencia (España) y Montevideo (Uruguay), han elaborado la obra “Derecho de los contratos internacionales en Latinoamérica, Portugal y España” (B de F/Edisofer, Buenos Aires/Madrid, 2008, 821 pp, ISBN: 978-9974-676-13-8) buscando con ella colmar una laguna existente desde antiguo en la literatura jurídica latinoamericana. El libro, dirigida tanto al profesional del Derecho como al docente y estudiante universitario, aporta en clave comparada una respuesta pormenorizada y exhaustiva, crítica y profunda al vigente régimen jurídico de los contratos internacionales en Latinoamérica, destacando sus principales lineamientos, valorando sus falencias y proponiendo alternativas al actual estado de cosas. Esta respuesta, además, se ve complementada con el estudio en profundidad de las soluciones existentes en España, Portugal y la Unión Europea.El “Derecho de los contratos internacionales en Latinoamerica, Portugal y España”, en el que participan una treintena de catedráticos y abogados de todos los países latinoamericanos, de Portugal y de España, cuenta con una marcada visión crítica y se encuentra actualizado a julio de 2008. La obra, sin lugar a dudas, está llamado a constituirse en texto de consulta ineludible para quienes practican la abogacía o la docencia en el ámbito de los negocios transfronterizos.

Vers des nouveaux équilibres entre les ordres juridiques

Estudos em homenagem a Hélène Gaudemet-Tallon

 Em maio de 2008, a editora francesa Dalloz publicou a obra Vers des nouveaux équilibres entre les ordres juridiques. Trata-se de uma obra coletiva editada em homenagem a Hélène Gaudemet-Tallon, Professora emérita da Universidade de Paris II (Panthéon-Assas), que aborda diversos campos do Direito Internacional Privado.

 Além do magistério, Hélène Gaudemet-Tallon participa de maneira expressiva nos trabalhos do Groupe européen de Droit international privé, do qual foi presidente entre 2000 e 2003, do Institut de Droit International, instituto francês reconhecido por sua excelência no domínio de conflito de leis e jurisdições, assim como do Comitê français de droit international privé, do qual também foi presidente entre 2002 e 2005, dentre outras instituições voltadas para o estudo e o desenvolvimento do direito internacional privado e do direito comparado. De sua rica lista de trabalhos publicados, vale destacar o seu manual sobre a competência internacional e execução de sentenças no âmbito comunitário: Compétence et exécution des jugements en Europe (Règlement n° 44/2001, Conventions de Bruxelles et de Lugano), Paris, LGDJ, 3ème éd. 2002, e seu curso pronunciado na Académie de droit international de La Haye em julho de 2005, intitulado: “Le pluralisme en droit international privé, Richesses et faiblesse (le funambule et l’arc en ciel)”, Cours General, Recueil des Cours, tome 312, 2005, p. 13.

A professora H. Gaudemet-Tallon tem consagrado sua pesquisa em dois campos em permanente evolução – o Direito Internacional Privado e o Direito Comunitário – sabendo desvendar, como se extrai da apresentação da obra pelo editor, as ligações existentes entre os dois sem jamais perder o equilíbrio entre os seus variados imperativos.

 A obra que lhe é dedicada enfrenta assim a problemática da expansão das fontes e a busca por novos equilíbrios entre unidade e diversidade. Desta maneira, ela é organizada em cinco partes, composta de 50 artigos escritos por renomados professores, pesquisadores e profissionais do direito. A lista completa dos artigos e o link de acesso ao site da editora Dalloz podem ser consultados abaixo.

I –  “Le pluralisme normatif: de la comparaison à la coordination”

·         Ancel, Jean-Pierre, L’invocation d’un droit étranger et le contrôle de la Cour de cassation

·         Basedow, Jürgen, La recherche juridique fondamentale dans les instituts Max Planck

·         Bermann, George A., La concertation réglementaire transatlantique

·         Borrás, Alegría, La fragmentation des sources de droit international privé communautaire, le cas de la responsabilité nucléaire

·         Fauvarque-Cosson, Bénédicte, Droit international privé et droit comparé : brève histoire d’un couple à l’heure de l’Europe

·         Foyer, Jacques, Diversité des droits et méthodes des conflits de loi

·         Herzog, Peter E., Le début de la ” révolution ” des conflits de lois aux États-Unis et les principes fondamentaux de la proposition ” Rome II “, y a-t-il un ” parallélisme inconscient ” ?

·         Idot, Laurence, À propos de l’internationalisation du droit, réflexions sur la Soft Law en droit de la concurrence

·         Kessedjian, Catherine, Le droit entre concurrence et coopération

II – “L’universalisation du droit et du contentieux” 

·         Ancel, Bertrand; Watt, Horatia Muir, Les jugements étrangers et la règle de conflit de lois, chronique d’une séparation

·         Audit, Bernard, Observations sur la convention de La Haye du 30 juin 2005 relative aux accords d’élection de for

·         Cachard, Olivier, La force obligatoire vis-à-vis du destinataire des clauses relatives à la compétence internationale stipulées dans les connaissements : plaidoyer pour un renouveau des considérations maritimistes

·         Cadiet, Loïc, Les sources internationales de la procédure civile française

·         Dutheil de la Rochère, Jacqueline, Sanctions internationales contre les personnes et respect des droits fondamentaux

·         Fallon, Marc, L’applicabilité du règlement ” Bruxelles I ” aux situations externes après l’avis 1/03

·         Gannagé, Léna, À propos de l’” absolutisme ” des droits fondamentaux

·         Gannagé, Pierre, Regards sur les compétences judiciaires exclusives

·         Guinchard, Serge, Entre identité nationale et universalisme du droit : l’idée et le processus d’introduction d’un recours collectif en droit français

·         Huet, André, Le nouvel article 15 du Code civil

·         Jessurun d’Oliveira, Hans Ulrich, Turmoil Around a Naturalisation Decree, or, How the Dutch Cabinet stumbled over a Pebble

·         Kerameus, Konstantinos D., La convention de Bruxelles et l’harmonisation par la jurisprudence en Europe: libres propos sur la convention de Bruxelles

·         Kreuzer, Karl, International Instruments on Human Rights and “Shariah” Law

·         Loon, Hans van, Vers un nouveau modèle de gouvernance multilatérale de la migration internationale: réflexions à partir de certaines techniques de coopération de développées au sein de la Conférence de La Haye

·         Niboyet, Marie-Laure, Contre le dogme de la lex fori en matière de procédure

·         Pataut, Étienne, Notifications internationales et règlement ” Bruxelles I “

·         Vareilles-Sommières, Pascal de, La compétence internationale de l’Espace judiciaire européen

III –  “La préservation des valeurs locales” 

·          Gautier, Pierre-Yves, La contrariété à l’ordre public d’une décision étrangère, échec à sa reconnaissance ou son exequatur

·         Kinsch, Patrick, La “sauvegarde de certaines politiques législatives”, cas d’intervention de l’ordre public international?

·         Mayer, Pierre, L’étendue du contrôle, par le juge étatique, de la conformité des sentences arbitrales aux lois de police

IV – “L’intégration régionale, espace d’expérimentation du pluralisme” 

·         Lagarde, Paul, La reconnaissance, mode d’emploi

·         Lequette, Yves, De Bruxelles à La Haye : réflexions critiques sur la compétence communautaire en matière de droit international privé

·         Pironon, Valérie, Les pratiques commerciales déloyales entre droit international privé et droit communautaire

·         Pluyette, Gérard; Moneger, Françoise, Quelques aspects récents de la jurisprudence de la Première chambre civile en matière de droit communautaire international

·         Pocar, Fausto, Faut-il remplacer le renvoi au droit national par des règles uniformes ?

·         Poillot-Peruzzetto, Sylvaine, Le défi de la construction de l’espace de liberté, de sécurité et de justice

·         Rémery, Jean-Pierre, Aspects maritimes du droit international privé communautaire

·         Struycken, Teun, L’ordre public de la Communauté européenne

·         Vrellis, Spyridon, “Abus” et “fraude” dans la jurisprudence de la Cour de Justice des Communautés européennes

V –   ”Le contrat et la famille au cœur des équilibres entre ordres juridiques” 

·         Azzi, Tristan, L’office du juge dans la mise en œuvre de la convention de Rome du 19 juin 1980 sur la loi applicable aux obligations contractuelles

·         Bogdan, Michael, Foreign Public Law and Article 7 (1) of the Rome Convention : Some Reflections from Sweden

·         Bucher, Andreas, L’intérêt de l’enfant pénètre la convention sur l’enlèvement

·         Courbe, Patrick, L’influence des réformes du droit de la famille sur le droit international privé

·         Hartley, Trevor C., The Proposed “Rome I” Regulation: Applicable Law in the Absence of Choice (Article 4)

·         Jacquet, Jean-Michel, Le principe d’autonomie entre consolidation et évolution

·         Lando, Ole, Choice of “Lex Mercatoria”

·         Morse, Robin, Choice of Law, Territoriality and National Law : the Case of Employment

·         Pauknerová, Monika, The “contrat  sans loi” in Czech and European Private International Law

·         Revillard, Marie-L., L’harmonisation du droit international privé de la famille dans la pratique notariale

·         Siehr, Kurt, Divorce of Muslim Marriages in Secular Courts

·         Teyssié, Bernard, La loi applicable aux accords transnationaux d’entreprise ou de groupe

Disponível em :http://boutique.dalloz.fr/Produit.aspx?ProduitID=707910#Presentation

 

Obra recenseada por:

Gustavo V. da C. Cerqueira, DEA

Doutorando em direito internacional privado

Université de Strasbourg/Universidade de São Paulo

 

El Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela admite la arbitrabilidad de los contratos

Ramón Escovar Alvarado

La Sala Político-Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia (la “SPA”), a través de su decisión del 02 de octubre de 2008 (caso: Hotel Waldorf), declaró la validez de un acuerdo de arbitraje en materia de contratos de arrendamiento.

La sentencia llegó a su conclusión aplicando el test de validez y eficacia de acuerdos arbitrales, pacíficamente reiterado por el precedente de la SPA. Al referirse al requisito de la arbitrabilidad objetiva, la decisión obvió pronunciarse en relación con el arrendamiento objeto del contrato. Por tanto, validó implícitamente los argumentos del tribunal que conoció la causa en primera instancia, el cual había establecido que los arrendamientos de hoteles y fondos de comercio eran arbitrables, debido a que no detentaban carácter de orden público al no estar comprendidos dentro del ámbito de aplicación del Decreto-Ley de Arrendamientos Inmobiliarios. Así pues, la doctrina jurisprudencial de la decisión Hotel Waldorf se aparta del precedente de la SPA sobre arbitraje en contratos de arrendamiento (véase sentencia del 04 de febrero de 2003, caso: Inversiones Tata 88 C.A. c. Inversiones Farma Shop 2000 C.A.).

Adicionalmente, la sentencia comentada delimitó la tesis jurisprudencial sobre “renuncia tácita al arbitraje”. En efecto, la sala dispuso expresamente que las únicas actuaciones que pueden producir una “renuncia tácita al arbitraje” son aquellas que versen sobre el fondo de la controversia. No están incluidas aquellas relacionadas con medidas cautelares.

No obstante, la decisión Hotel Waldorf confirmó el precedente establecido por la SPA, a través del fallo del 11 de diciembre de 2003 (caso: Tim International), mediante el cual se determinó que la falta de jurisdicción de los tribunales judiciales en razón de la validez del acuerdo arbitral, conlleva a que las medidas cautelares decretadas por los tribunales judiciales queden sin efecto. Dicha tesis es contraria a la figura de las medidas cautelares anticipadas, previstas en reglamentos de Centros de Arbitraje (por ejemplo: artículo 23.2 del Reglamento de Arbitraje de la ICC).

Jurisprudencia uruguaya en materia de contratos internacionales

Este material ha sido publicado en el último número de DeCITA, sobre contratos internacionales. Para más información sobre DeCITA, ingrese aquí

Cecilia Fresnedo de Aguirre * 

Sumario: I. Contrato de transporte de pasajeros. Excepción de incompetencia o falta de jurisdicción. II. Contrato de agencia, representación y distribución. Contrato de compraventa o suministro. Cláusula compromisoria. Excepción de falta de jurisdicción. III. Contrato de préstamo otorgado en Argentina con garantía real otorgada en Uruguay. Proceso concursal en Argentina. IV. Contrato de cuenta corriente bancaria: jurisdicción competente y ley aplicable. V. Contrato de compraventa internacional de mercaderías. VI. Contrato de trabajo. Jurisdicción competente.

I. Contrato de transporte de pasajeros. Excepción de incompetencia o falta de jurisdicción 

En un caso derivado de un contrato de transporte de pasajeros ida y vuelta Montevideo – Buenos Aires – Montevideo, el Tribunal de Apelaciones en lo Civil de 4º Turno (Larrieux, Tobía, Turell), en sentencia nº 31 de 15 de marzo de 2000[1] confirmó la de primera instancia[2] que había desestimado la excepción de incompetencia interpuesta por la demandada en base a una cláusula impresa al dorso de los boletos o pasajes, que decía: “… MUY IMPORTANTE, Señor pasajero le agradecemos recordar que (entre otras) COMPETENCIAS: Expresamente se pacta la competencia de los Tribunales y Juzgados de la Capital Federal de la República Argentina para toda controversia judicial que se origine como consecuencia del contrato de transporte pactado…

Afirma el Tribunal que

la Sala participa del entendimiento de que las denominadas “cláusulas de jurisdicción”, “cláusulas compromisorias” o “pactos de elección de foro”, contravienen nuestro derecho positivo vigente que adopta como principio general el llamado “criterio Asser” para determinar la competencia jurisdiccional internacional en forma de solución preceptiva establecida por el legislador que no puede ser modificada por la voluntad de las partes, en tanto la competencia internacional se determina por razones superiores a la voluntad de las partes comprometidas en una relación jurídica (arts. 2401, 2403 y conc. CC; art. 56 de los Tratados de Derecho Civil Internacional de 1889 y 1940; etc; Fresnedo de Aguirre, en Revista Judicatura, Nº 34, p. 291 y ss; Aguirre Ramírez, en Rev. de Transporte y Seguros, Nº 11, p. 172 y ss). Y en todo caso, porque la existencia de cláusulas del tipo impresas al dorso de los boletos o pasajes no implica consentimiento automático del consumidor, manifestación de voluntad que reclama de ser expresada en forma diferencial, para evitar que se transformen en simples abusos de la posición dominante de una de las partes que acaba imponiéndolas a su cocontratante en forma unilateral (Rev. de Transporte …, op. cit, Nº 1, p. 35 y ss; Nº 5, p. 108 y ss; Aguirre Ramírez, en op. cit, p. 170 y ss; etc). Sin perjuicio de anotarse, que la evolución en materia de jurisdicción internacional ocurrida con la entrada en vigencia del Mercosur, reconociendo la autonomía de las partes para escoger el foro ante el cual habrán de dirimir sus controversias, no contempla el tipo de contratos (transporte) cuyo incumplimiento se debate sublite (Hargain, en Rev. Judicatura, Nº 38, p. 161 y ss). Ahora bien, y en lo concreto, la ley del Estado del cumplimiento es la que gobierna el acto jurídico y a los jueces de este Estado corresponde conocer de los juicios a que da lugar la respectiva relación internacional (arts. 2399, 2401, y conc. CC; arts. 33 y ss; 37 y ss de los Tratados de Derecho Civil Internacional de 1889 y 1940 respectivamente; art. 14 del Tratado de Der. Comercial Terrestre Internacional de 1940; arts. 26, 27 del Tratado de Navegación comercial Internacional de 1940; etc).
Y en hipótesis de transporte ida y vuelta como el que nos ocupa, la obligación del transportador es de resultado; llevar al pasajero y traerlo de retorno al lugar de origen del transporte, con lo cual, el contrato produce efectos internacionales que concluyen con el retorno del pasajero al lugar de origen, en el caso el Uruguay, lo que determina que corresponda a los jueces nacionales conocer del proceso en análisis (arts. 34 lit. b) y 38 lit. b) de los Tratados de Der. Civil Internacional de 1889 y 1940 respectivamente; art. 17 del Tratado de Der. Comercial Terrestre Internacional de 1940; art. 26, 27 del Tratado de Navegación Comercial Internacional de 1940, etc.; Opertti Badán, en Revista de Transporte …, op. cit., Nº 10, p. 94 y ss).

II. Contrato de agencia, representación y distribución. Contrato de compraventa o suministro. Cláusula compromisoria. Excepción de falta de jurisdicción 

En el caso “Limonta Floor Cover­ings S.P.A. contra Deportes S.R.L. ‑Cobro de marcos alemanes‑”, el Tribunal de Apelaciones en lo Civil de 2º Turno (Sassón, Chediak, Sosa –r-) confirmó la sentencia de primera instancia que no hizo lugar a la excepción de falta de jurisdicción de los tribunales uruguayos, por los motivos que se analizan a continuación[3].

La sociedad uruguaya Deportes SRL compraba césped sintético a la sociedad comercial italiana Limonta Floor Cover­ings S.P.A., a través de la empresa alemana Pro M Sportboden Service GMBH. La operativa era que frente a cada pedido de Deportes, Pro M encargaba la fabricación del césped sintético a Limonta que lo vendía a Pro M; a su vez existía un contrato de exclusividad para la venta de la marca Pro M en Uruguay y Brasil entre Pro M y Deportes.

A efectos de saldar la deuda que Pro M acumuló con Limonta por compras efectuadas en las relaciones comerciales preindicadas, dichas empresas suscribieron dos acuerdos; por el primero se dejó sin efecto el contrato de venta y Pro M transfería a favor de Limonta sus derechos sobre los conocimientos de embarque de la mercadería existente en Montevideo, endosándolos a favor de su parte; por el segundo, se determinó la cesión a Limonta por parte de Pro M de los créditos que tenía contra la empresa uruguaya Deportes. Como consecuencia de dichos acuerdos, el pago de la mercadería debía ser efectuado por Deportes a Limonta; para el futuro, la idea era continuar con la misma corriente comercial por medio de nuevos y sucesivos contratos de venta de mercadería directamente de Limonta a Deportes.

Frente al reclamo por el pago adeudado presentado por Limonta contra Deportes en sede judicial uruguaya, Deportes comparece oponiendo excepción de incompetencia fundada en que, al invocar Limonta su calidad de cesionaria, “está obligada por las circunstancias especiales pactadas en el contrato que liga a las partes originales y según resulta del contrato de agencia, representación y distribución, Pro M y su parte pactaron que las controversias o disputas que surgieran entre las mismas (cláusula undécima) serían solucionadas por vía del arbitraje según las reglas de conciliación y arbitraje de la American Association de San Francisco, California, USA; por lo tanto, tal disposición convencional, constituye una cláusula compromisoria de acuerdo con lo previsto por el art. 475 del CGP y supone la renuncia a hacer valer ante la jurisdicción ordinaria las pretensiones correspondientes, que deberán ser sometidas a decisión de los árbitros pertinentes.”

El Tribunal consideró que los argumentos del demandado (Deportes) no son de recibo ya que siendo el procedimiento arbitral un mecanismo excepcional, que sustrae el litigio del conocimiento de los tribunales ordinarios, “debe ser interpretado en términos estrictos y no se debe complementar la voluntad de las partes, en cuanto está expresada para acotar su acceso a los órganos jurisdiccionales. El Tribunal tiene ya jurisprudencia (sent. 305/88 ‑ RUDP 3/89 c. 428) donde ha dicho que el arbitraje debe interpretarse en sentido restrictivo exclusivamente a los casos clara y específicamente establecidos y/o pactados (en igual sentido el similar de 6°. Turno ‑sent. 19 de 1997‑).” Además, debe distinguirse el acuerdo de agencia o representación, de él o los contratos de compraventa o suministro, categoría donde hay prestaciones periódicas o continuadas de bienes entendiendo que la continuidad y la periodicidad de la prestación son características esenciales de ese contrato.

Concluye el Tribunal afirmando que “la doctrina es unánime en el sentido de que una cláusula compromisoria que forma parte de un contrato y que disponga la celebración del arbitraje, se considera como un acuerdo independiente de las demás estipulaciones del contrato, hasta puede declararse nulo ese contrato y tal extremo no entraña ipso iure la invalidez de la cláusula compromisoria.

Se comparte la decisión del Tribunal, por cuanto el acuerdo arbitral debe ser expresamente pactado y consentido por las partes involucradas. No corresponde atribuir una voluntad o consentimiento ficto a alguna de las partes, y menos a terceros. Ello surge claramente de los textos vigentes en la materia[4] y ha sido interpretado así por nuestra jurisprudencia mayoritaria[5].

III. Contrato de préstamo otorgado en Argentina con garantía real otorgada en Uruguay. Proceso concursal en Argentina

En el caso[6] se plantea en sede uruguaya la ejecución hipotecaria de un inmueble ubicado en Maldonado (Uruguay)[7], que fuera gravado con hipoteca en garantía de un crédito preexistente, que representa el saldo de precio de una compraventa de acciones correspondientes a dos sociedades anónimas domiciliadas en Argentina.

No habiéndose opuesto excepciones y estando en curso la vía de apremio, compareció el ejecutado denunciando que ha promovido un concurso civil en la República Argentina y esto determina que la ejecución deba sus­pen­derse hasta que se solicite la verificación del crédito, señalando además su conversión a moneda nacional argentina.

El Tribunal de Apelaciones en lo Civil de 1er Turno (Salvo, Castro –r-, Vázquez) entendió que “si bien se trata de una garantía real constituida en Uruguay sobre un bien situado en el territorio nacional, es claro esa garantía accede a un crédito extranjero, que fue contraído y debe ser pagado -a falta de pacto expreso sobre otro lugar de cumplimiento- en el domicilio del deudor, en la República Argentina.”

“Esa circunstancia hace aplicables las normas de Derecho Internacional Privado vigentes, que resulta ser el Tratado de Derecho Civil de Montevideo de 1940, de acuerdo con el cual “los contratos accesorios se rigen por la ley del contrato principal” (art. 41) y el contrato principal, por el que se contrajo la obligación de dar cosa fungible (dinero), queda regido por la ley del domicilio del deudor al tiempo de su celebración (arts. 37 y 38).”

“Por consiguiente y de acuerdo con las reglas vigentes, aunque la hipoteca haya sido constituida en nuestro país, el crédito que ella garantiza se regula por el Derecho Argentino, de modo que, aunque pueda promoverse la ejecución hipotecaria ante la justicia nacional (art. 64) y para ello deban seguirse las normas procesales uruguayas (Tratado de Derecho Procesal de Montevideo de 1940 art. 1), dicho crédito no ha quedado sujeto al Derecho Uruguayo sino que resulta alcanzado por las normas dictadas por la República Argentina y, en particular, por el concurso civil que el deudor ha promovido ante sus jueces (cf. Boggiano, Antonio: Derecho Internacional Privado, Ed. Depalma, B. Aires 1978, p. 880; Roullion, Adolfo: “Reglas de Derecho Internacional Privado, privilegios concursales y tratamiento de los créditos locales y extranjeros según el régimen de la ley de Concursos Nº 19551” en Rev. Derecho y Empresa Nº 3 (1995).”

El Tribunal entendió también que, “de acuerdo con las normas sobre procesos concursales de la República Argentina, según la ley Nº 24522 art. 21 inc. 2, los acreedores que gozan de garantías reales no quedan alcanzados por el fuero de atracción del concurso (Granados: “Efectos de la apertura del concurso preventivo” en Rev. Derecho y Empresa Nº 4, 1995, p. 69) pero las ejecuciones quedan suspendidas hasta que se formalice el pedido de verificación, tal como dispusiera la ley Nº 22197, superando la discusión suscitada bajo la vigencia de la anterior ley Nº 19551 (cf. Palacio, L.: Manual de Derecho Procesal Civil, Ed. Abeledo Perrot, Buenos Aires 1968, tomo II p. 367; Rubin, Miguel: “Las ideas de Cámara y el proceso de reforma de la ley de Concursos” en Rev. Derecho y Empresa Nº 4, 1995, p. 54; Richard, Efrain: “En torno a la concursalidad en la nueva ley de concursos” Rev. de Derecho Privado y Comunitario Nº 10, 1996, p. 71 y 102).

El Tribunal concluyó que la suspensión de la ejecución se impone como consecuencia del hecho nuevo que denuncia el ejecutado, que acredita el exhorto recibido por la Sede (la apertura de un proceso concursal preventivo que alcanza al crédito ga­ran­tido con la hipoteca que se ejecuta).

Cabe señalar que la interpretación que efectúa el Tribunal con respecto a las normas en materia de contratos en general y de contratos accesorios en particular no es de aceptación unánime en la doctrina nacional. González Lapeyre ha sostenido que los contratos de garantía que crean derechos reales, como la hipoteca, deben calificarse dentro del alcance extensivo de la categoría bienes y regirse en consecuencia por la ley del lugar de su situación (art. 32 del Tratado de 1940) y no en la categoría más general contratos accesorios (art. 41 del mismo), dentro de la cual sí caben los contratos de garantía que sólo creen derechos personales[8].

IV. Contrato de cuenta corriente bancaria: jurisdicción competente y ley aplicable.

En el caso se discute la competencia jurisdiccional de los tribunales uruguayos para decretar una medida cautelar, con relación a un contrato de cuenta corriente bancaria. En primera instancia la Sede[9] se declaró incompetente, decisión que fue revocada por el Tribunal[10] en segunda instancia.

Argumentó el Tribunal que lo que caracteriza el contrato de cuenta corriente es el servicio bancario, el cual se relaciona con la sede del banco, aun cuando éste realice alguna gestión fuera de su domicilio. “El domicilio del deudor de la prestación más característica es el lugar de cumplimiento (y es de aplicación el artículo 38 inciso b del Tratado de 1940, o en su caso, el correlativo artículo 34 inciso b del Tratado de 1889 -“Rev. Judicatura” Nº 34 pág. 234-).

V. Contrato de compraventa internacional de mercaderías

En el caso se produce un incumplimiento de contrato de compraventa de mercaderías por no pago del precio de las mismas. Cristalerías del Uruguay demanda a Telestar S.A. y ésta plantea reconvención contra Coca Cola. En primera instancia[11] la Sede resuelve amparar los efectos imperativos de la sentencia extranjera (dictada en Brasil) traída a la causa y en su mérito, ordena que la pretensión deducida por el citante  Telestar S.A.) contra el tercero citado (Coca Cola) deberá dilucidarse ante la jurisdicción brasileña, cuya asunción de competencia ha pasado en autoridad de cosa juzgada.

En segunda instancia, el Tribunal[12] confirma la decisión de primera instancia, y sostiene la incompetencia de la justicia uruguaya para entender en la pretensión deducida por Telestar S.A. contra Coca Cola Industrias Ltda.

Con respecto a la normativa de Derecho internacional privado aplicable y a la interpretación de dichas normas, el Tribunal argumentó lo siguiente:

“Tratándose de un caso de responsabilidad contractual, priva la solución prevista en el art. 2399 del Código Civil, como así también en los arts. 32 y 37 de los Tratados de 1889 y 1940, normas que adoptan una solución territorial, consagrando como régimen general el de la lex loci solutionis, esto es la ley del lugar donde los contratos deben cumplirse, que regirá también todo cuanto concierne a los contratos, bajo cualquier aspecto que sea, como reza en su literal final el art. 33.”

“Y es que los Tratados de Montevideo, en especial el de 1889, que se adhieren a la teoría del Savigny, declaran aplicable a los contratos la ley del lugar donde deben cumplirse y sólo en el caso que no lo tengan determinado expresamente, se acude a un sistema analítico, el cual mediante el empleo de normas subsidiarias, determina el lugar de cumplimiento de las distintas categorías de contratos (Cf. Berta K. de Orchansky: Manual de Derecho Internacional, 1976 pág. 389/92).”

“En el ocurrente, no cabe duda que la obligación entre Telestar S.A. y Coca Cola Ind. Ltda., debía cumplirse en el Brasil, porque no en otro lugar se debían entregar las mini botellas de Fanta, aun cuando fueran fabricadas en Uruguay.”

“El hecho de que la mercadería se debía entregar en el Brasil y el pago del precio en nuestro país, no altera lo expuesto, pues para determinar el lugar de ejecución del contrato se debe considerar dónde se debe ejecutar la obligación típica, esto es, “la obligación característica, que le comunica al contrato su fisonomía jurídica. Así, en el contrato de compra-venta, basta comparar el pago del precio con la entrega del bien para comprender que esta última es la obligación típica sobre la cual gira la operación” (Quintín Alfonsín: Régimen Internacional de los Contratos, Ed. 1950 pág. 79).”

“Los argumentos expuestos por Telestar S.A. en su expresión de agravios tendientes a demostrar que de acuerdo al Tratado correspondería entender a los Tribunales uruguayos en el conflicto con Coca Cola Ind. Ltda., no son de recibo, en tanto, los artículos complementarios a los citados, establecen un régimen subsidiario para aquellos contratos cuya ejecución no puede ser localizada (op. cit. pág. 104).”

Con respecto a la fuente de derecho internacional privado aplicable al caso cabe señalar que la Convención sobre compraventa internacional de mercaderías (Viena, 1980) había sido aprobada en Uruguay por ley nº 16.879 de 21/10/97 y ratificada recién el 25/1/99, por lo que había entrado en vigor en el país el 1 de febrero de 2000. No obstante, el Tribunal no se plantea el problema de la identificación de las fuentes normativas aplicables, sino que va directamente a la norma de derecho internacional privado de fuente interna (art. 2399 CC). Luego hace una referencia imprecisa técnicamente a los Tratados de Montevideo de 1889 y de 1940, cuando la referencia que hace el art. 2399 a “los arts. 34 a 38 inclusive del Tratado de Derecho Civil de 1889 es muy clara.

Más grave aún resulta la interpretación del punto de conexión “lugar de cumplimiento” que realiza el Tribunal, la cual se aparta del tenor literal de la norma y de la doctrina nacional más recibida. Lo primero, porque el art. 2399 establece claramente que el lugar de cumplimiento debe determinarse “de conformidad… con las reglas de interpretación contenidas en los arts. 34 a 38 inclusive del Tratado de Derecho Civil de 1889. Y lo segundo, porque formula referencias parciales a la obra del maestro uruguayo Alfonsín, lo que lo lleva a conclusiones diferentes a las planteadas por éste en su obra citada por el Tribunal[13]. Las reglas de interpretación referidas son preceptivas y están basadas en presunciones[14]. Ello se debe, como claramente concluye Alfonsín[15], a que “el sistema de la lex loci solutionis no puede aplicarse automáticamente a todos los contratos; para conocer el lugar de ejecución es preciso, en efecto, penetrar la naturaleza jurídica de cada tipo de contratos a fin de discernir la obligación típica de cada cual.” Pero –y esto es lo que no tuvo en cuenta el Tribunal en el fallo comentado –, “esta labor no se puede realizar (…) libremente, sino con el auxilio de una lista de presunciones que nos señale preceptivamente el lugar de ejecución de cada tipo de contratos. Se sobrentiende que esta lista, anexa al principio general, es la que en definitiva designa la ley aplicable al contrato, y la que en definitiva designa la ley aplicable en cada caso.

Entendemos que la interpretación que hace Alfonsín de las normas vigentes del Apéndice del Código Civil y de los Tratados de Montevideo es la correcta, más allá del juicio de valor que de ella se pueda hacer[16]. Es lo que establecen las normas.  El propio Alfonsín reconoce que la ley del domicilio del deudor, utilizada como presunción en varias hipótesis del art. 34 del Tratado de 1889 (y en el art. 38 del Tratado de 1940), como la de compraventa de cosa de género en el caso que se comenta, “aun cuando se aplica a título de lex loci solutionis, no es la ley del lugar donde efectivamente se ejecuta la obligación típica.” Y comenta al respecto: “De todos modos, los inconvenientes son de pequeña entidad comparados con la utilidad satisfactoria del Tratado…[17]

Por todo lo expuesto, entendemos que en el contrato de compraventa que se comenta, el punto de conexión lugar de cumplimiento se realizaba en Uruguay, por ser aquí el domicilio del deudor de la obligación típica, es decir, de quien debía entregar la mercadería (art. 2399 CC y art. 34 inciso 2º del Tratado de 1889 remitido por aquel), y no en Brasil, lugar donde la mercadería debía entregarse.

VI. Contrato de trabajo. Jurisdicción competente

En el caso, C.F., A. reclama contra el Estado (Ministerio de Relaciones Exteriores) el cobro de licencia, salario vacacional, aguinaldo y otros ante los tribunales uruguayos. El juez de primera instancia declaró competentes a los tribunales uruguayos[18]. El Tribunal de segunda instancia revoca la recurrida y en su lugar declara incompetente la Sede por falta de jurisdicción de los Tribunales nacionales para conocer en la pretensión deducida[19]. La Suprema Corte de Justicia (Parga, Cairoli –r-, Guillot, Van Rompaey, Gutiérrez), en sentencia nº 103 del 19 de marzo de 2003[20], por unanimidad, casa la sentencia impugnada y “declara que el conocimiento de la causa corresponde a la jurisdicción nacional”, por los fundamentos que se desarrollan a continuación.

El reclamante trabajó para el Estado ‑Ministerio de Relaciones Exteriores- en forma ininterrumpida desde 1970 hasta 1998, en distintas tareas, lugares y países, siendo su último destino en la Embajada Uruguaya en Londres.

La acción planteada tiene naturaleza personal de carácter patrimonial, e involucra a un nacional con el Ministerio de Relaciones Exteriores, cuyo domicilio se encuentra obviamente en Uruguay, y las tareas cumplidas por el actor eran en el exterior. “No existiendo normas convencionales de distribución de la competencia internacional, esto es, en ausencia de tratados internacionales, resultan de aplicación las normas de Derecho Privado Internacional contenidas en el apéndice del Código Civil (arts. 2393 a 2405)”, afirma la SCJ.

Conforme al art. 2401 del CC, afirma la Corte, son competentes los jueces del Estado “a cuya ley corresponde el conocimiento de tales relaciones“, vinculando de esa manera la jurisdicción con la ley aplicable (siguiendo el que se ha llamado “criterio Asser”). Asimismo, en el segundo párrafo de la disposición se prevé una opción para el actor, quien también puede ejercer la acción ante los jueces del domicilio del demandado. Dado que el demandante optó por ejercer la acción ante los jueces del país del domicilio del demandado (que obviamente es Montevideo), resulta incuestionable que de conformidad con lo dispuesto por la segunda parte del art. 2401 del Código Civil los tribunales uruguayos poseen jurisdicción sobre el presente asunto[21].


* Profesora de derecho internacional privado en la Universidad Católica del Uruguay y en la Universidad de la República, Uruguay.

[1] Autos: “Picart Mariana y otros c/ Trans-Uruguay S.A. y otro – Daños y perjuicios” – Ficha nº 204/1999; sentencia publicada en El Derecho Digital, DDU-CASO-TAC4-10073.

[2] Sentencia nº 1158 de fecha 20 de mayo de 1999 dictada por el titular del Juzgado Letrado de Primera Instancia en lo Civil de 7º Turno Dr. José Lobelcho.

[3] Sentencia nº 87 del 2/5/01, publicada en La Justicia Uruguaya (on line), caso nº 14348

[4] Art. 1 de la Convención Interamericana sobre Arbitraje Comercial Internacional, CIDIP-I, Panamá, 1975; art. II de la Convención de Naciones Unidas sobre Reconocimiento y Ejecución de las Sentencias Arbitrales Extranjeras, Nueva York, 1958, y art. 6 del Acuerdo sobre Arbitraje Comercial Internacional del Mercosur (CMC/Dec. nº 3/98).

[5] Ver al respecto: FRESNEDO DE AGUIRRE, C., “La Convención sobre reconocimiento y ejecución de sentencias arbitrales extranjeras, Nueva York, 1958: Análisis de la jurisprudencia uruguaya”, en Revista Uruguaya de Derecho Internacional Privado nº 3, Montevideo, FCU, pp. 141-157

[6] Sentencia de segunda instancia publicada en La Justicia Uruguaya, on line, caso nº 15245

[7] Autos “H.D. c/ E.P. y otra ‑ Ejecución de hipoteca” ficha 290-237/2002, provenientes del Juzgado Letrado de Primera Instancia de Maldonado de 6º Turno, en virtud del recurso de apelación interpuesto contra la sentencia interlocutoria nº 2676/2003 de 24/6/03, dictada por la Dra. Alicia Moré

[8] Ver sobre este tema: GONZALEZ LAPEYRE, E., “Los contratos accesorios en el DIPr.”, Rev. de la Fac. de D. y CS, Año XII, Montevideo, julio-dic. de 1961, nº 3-4 y Cuadernos de DIPr., nº 3, FCU.

[9] Sentencia interlocutoria nº 2269 de fecha 12 de agosto de 2002, dictada por la Dra. Juez Letrado de Primera Instancia en lo Civil de Cuarto Turno, Dra. Mary Alonso Flumini.

[10] Tribunal de Apelaciones en lo Civil de 2º Turno (Sassón, Sosa, Chediak –r-), Sent. nº 263/03 de 30/9/03, publicada en La Justicia Uruguaya, on line, caso Nº 130054.

[11] Sentencia nº 2128 de 16 de noviembre de 1998, del Juzgado Letrado de Primera Instancia en lo Civil de 11º Turno a cargo de la Dra. Zulma Casanova.

[12] Sentencia nº 74 del 14/6/2000 del Tribunal de Apelaciones en lo Civil de 2º Turno (Chediak, Sasson, Sosa), “S.A. Cristalerías del Uruguay c/ Telestar S.A. – Cobro de Mercaderías – Fª 23/99”, segunda instancia publicada en La Justicia Uruguaya (on line), caso Nº 122061

[13] El Tribunal, en el considerando I de la sentencia, cita la obra de Quintín Alfonsín, Régimen Internacional de los Contratos en la p. 79, cuando la referencia debió seguir hasta la p. 86.

[14] “Los lugares presuntos de ejecución suelen coincidir con los lugares donde después vienen a ejecutarse realmente las obligaciones típicas…”, dice Alfonsín (op.cit., p. 83); ello permite “determinar en el momento de la celebración, el futuro lugar de ejecución…” (op.cit., p. 83), y “satisface el requisito de que el contrato sea regido siempre por una sola ley” (op.cit., p. 84).

[15] Alfonsín, op.cit., p. 85 (el destacado nos pertenece).

[16] De hecho Alfonsín formula algunas críticas a estas soluciones preceptivas, cuando afirma por ejemplo (op.cit. p. 84) que “…esta solución fracasa en todos los casos en que el contrato se ejecuta realmente en otro lugar que el presunto, y en todos los casos en que ninguna presunción es adecuada.”

[17] Alfonsín, op.cit., p. 106

[18] Sentencia interlocutoria nº 2240, del 2 de agosto de 2000, del Juzgado Letrado de Primera Instancia del Trabajo de 13º Turno, autos “Campomar Lafone, Alfredo c/ Estado (Ministerio de Relaciones Exteriores) – Cobro de licencia, salario vacacional, aguinaldo, etc. – Casación”, Ficha 251/2001

[19] Sentencia de segunda instancia nº 79, del 25 de abril de 2001, del Tribunal de Apelaciones del Trabajo de Segundo Turno.

[20] Publicada en La Justicia Uruguaya (on line), caso nº 14774

[21] A mayor abundamiento, concluye la Corte que “…la Sala de segundo grado realizó una interpretación inexacta del ‘punto de conexión’ previsto por el inciso 2° del art. 2401 del Código Civil, ya, que en el mismo se les confiere jurisdicción a los “jueces del país del domicilio del demandado” y no como pretende la Sala a los jueces del país del domicilio de quien debió ser demandado”. Agrega que “aun cuando se entendiera que los jueces competentes son los del domicilio del que ‘debió ser demandado’, y si se entendiera que quien ‘debió ser demandado’ era ‑como lo sostuvo la Sala a fs. 241‑ “…la Embajada Uruguaya en Londres, en la persona del Embajador…”, la conclusión del Tribunal igualmente sería errónea; en efecto, la Embajada Uruguaya en Londres es una dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores (Poder Ejecutivo ‑art. 168 numerales 12, 15, 16, 20 y 24 de la Constitución Nacional‑) que no tiene una personería jurídica diferente a la del propio Estado como parecería sostenerlo la sentencia; y si son la misma persona su domicilio obviamente es en Uruguay”.